miércoles 4 junio 2008 - El ullastre con gafas

TERRORISMO... CONYUGAL
Caen las Torres Gemelas entre una nube de humo y cascotes. Los neoyorquinos observan en directo horrorizados mientras el resto del mundo lo sigue, no menos atemorizado, a través de la televisión. En una oficina cercana a la que se vendría en llamar “zona cero”, una mujer sonríe enigmáticamente entre los lastimeros gemidos de sus compañeros de trabajo: recuerda que su marido trabaja en las Torres…
No me diréis que no es un comienzo atractivo, un punto de humor en la tragedia. Bien, pues más o menos así comienza la novela de Ken Kalfus (Tusquets, marzo 2008) que os quiero comentar hoy en este blog de blogs, porque para mí resultó irresistible. Evidentemente la yuppie neoyorquina se muestra optimista, a pesar de la colosal masacre, porque se lleva mal, muy mal con su marido. Bueno, no es que se que se lleve simplemente mal, sino que están en fase de divorcio, con la particularidad añadida de que, para reducir gastos, ambos convienen en seguir viviendo juntos mientras se culmina el proceso judicial.
Como es fácil suponer, las situaciones jocosas se suceden ante el estupor de sus pequeños hijos que asisten impertérritos a la sucesión de crueldades que se infligen mutuamente sus padres a lo largo de una narración ágil y distendida pero que no deja de interrogarse sobre la inseguridad del mundo contemporáneo y su influencia sobre la psicología colectiva.
Estamos ante una novela muy actual, fácil, sencilla, con mucho humor y no exenta de interesantes reflexiones desde el corazón del Imperio cuando se acaba ¡toquemos madera! el ominoso período “bushista”, siempre presente en la narración.
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lunes 12 mayo 2008 - El ullastre con gafas

Una noche de bodas muy peculiar
(Chesil Beach, Ian McEwan)
Ian Mc Ewan (1948) es un reconocido novelista inglés contemporáneo que ha escrito obras tan notables como Ámsterdam, Amor perdurable o Expiación, llevada al cine reciente y muy dignamente. Ahora nos sorprende con una pequeña obra maestra que os recomiendo encarecidamente, aunque no caigáis en el error de presuponer, por el epígrafe de este comentario, que estamos ante una novela de humor, aunque lo tiene, y mucho. Pero se trata de un humor dolorido, a caballo entre el goce y el sufrimiento, como suele ocurrir en la vida misma.
El arranque de la novela es arrebatador: “Eran jóvenes, instruidos y vírgenes aquella noche, la de su boda, y vivían en un tiempo en que la conversación sobre dificultades sexuales era claramente imposible. Pero nunca es fácil…” Seguramente a los visitantes de “Un lloc, un món” les falte, por edad, la perspectiva necesaria para entender cabalmente lo que les ocurre a Florence y Edgard en su fatídica noche de bodas, aunque ello puede convertirse en un acicate: así podrán entender a través de qué dificultades fueron concebidos, puesto que la novela se ubica temporalmente en los años sesenta-setenta del pasado siglo.
A partir de los sucesos de la noche de boda, descritos minuciosamente, la novela entra en una aceleración que quizá pueda dar la sensación de drama humano en lo que no es sino la alegoría de una época, las que nos tocó vivir a los de mi generación, cuyas dificultades aprendimos a sortear a base de confianza, sensibilidad y curiosidad, aunque no dudo que muchos se estrellaran por el camino, como Florence y Edgard.
La novela, en suma, es un alegato contra las convenciones sociales que invaden, infectan las relaciones personales. Puede que, de otra manera, con otros ropajes, persista hoy día en determinados ambientes. Sería un interesante debate.
No os la perdáis.
domingo 20 abril 2008 - El ullastre con gafas

NI SE OS OCURRA
“Las benévolas” de Jonathan Littell
Piqué el anzuelo tras haber leído varias críticas especializadas recomendándolo, una de ellas del mismísimo Mario Vargas Llosa: “Uno cree saberlo todo ya sobre el vertiginoso salvajismo con que los nazis se encarnizaron en su afán por liquidar judíos, Jonathan Littell nos revela que no, que todavía fue peor, que los crímenes, la inhumanidad de los verdugos, alcanzaron cimas más altas de monstruosidad de los que creíamos. Son páginas que quitan el habla.”… Y sin resuello y sin ganas de volver a leer durante una buena temporada.
De eso último, podéis estar seguros, tanto como de que estáis ante un tocho que ni es novela ni documento histórico sino todo lo contrario, o sea, que uno se zambulle en sus páginas y se encuentra con un inventario de atrocidades sin pies ni cabeza, o por lo menos sin trabazón ninguna. Y eso que al principio promete y parece que el lector se va a sumergir en el alma atormentada de un oficial nazi perdidamente enamorado de su hermana y ¿por tanto?, sólo capaz de mantener relaciones sexuales con hombres entre matanza y matanza de judíos…
No creo ser un demonio-nos dice al final del prefacio-tocata que debería ser al mismo tiempo el final del libro-, para lo que hice-continúa-, siempre hubo razones, buenas o malas, no lo sé; en cualquier caso, razones humanas. Los que matan son hombres, como también lo son los muertos; eso es lo terrible. Nunca podemos decir: no mataré nunca, es imposible; como mucho, podemos decir: espero no matar. Yo también lo esperaba…pero no se cumplió mi esperanza, y utilizaron mi sinceridad para realizar una obra que resultó mala y malsana, y crucé las sombrías orillas y toda esa maldad se me metió en la vida y no existe reparación posible y nunca la habrá… Vivo, hago lo que es factible, eso es, lo que hace todo el mundo, soy un hombre como todos los demás, soy un hombre como vosotros.
Después de un prefacio tan alentador para el género humano, repito, un sinfín de atrocidades sin alma y sin cañamazo narrativo. Lo dicho, ni se os ocurra.
martes 11 marzo 2008 - El ullastre con gafas

UNA MIRADA A NORTEAMÉRICA
Uno de los tics más carcterísticos de la progresía europea es el antiamericanismo primario, sin matices y, aunque bien es claro, que se ha visto justificadamente acrecentado en la terrible era de los “neocons” de George Bush, conviene pasarlo por el cedazo de la mirada limpia de un intelectual francés desprejuiciado como Bernard-Henry Lévy quien, partiendo del mítico viaje de Alexis de Tocqueville de hace 174 años que diera origen al memorable libro “La democracia en América”, realiza un exhaustivo e interesantísimo análisis de la “American way of life”
Y es que Norteamérica no es el monstruo imperialista que nos dibuja determinada historiografía o, por lo menos, no es sólo eso. A través de las páginas de “American Vertigo” ( Edit. Ariel 2007), Henri Lévy no omite ningún aspecto de la Norteamérica actual, ni su gusto por los museos kistch, ni su desapego por las ciudades, ni la extraordinaria movilidad de sus habitantes, que cambian de domicilio, ciudad y estado porque encuentran “la misma América” en todos ellos, ni las arteras patrañas de los llamados “creacionistas” que pretenden combatir las ideas evolucionistas de Darwin revistiendo sus creencias religiosas con una pátina científica, ni la vergüenza cósmica de Guantánamo, ni los rescoldos del 11-S, ni Iraq, ni las enormes bolsas de pobreza…
Sin embargo, para mí, lo mejor del libro es su epílogo, que viene a ser un inventario de conclusiones de la mirada de un europeo sobre los Estados Unidos de Norteamérica, “esa prodigiosa pero trivial máquina de producir norteamericanos”, al decir del propio BHL, quien concluye: “Qué alivio, cuando se compara la neutralidad inorgánica de esta voluntad de ser norteamericano, con el gran animal europeo, la mala bestia sin pelo, saturada de sangre, sentido y arrogancia” para añadir: “ Hay en el hecho de ser o querer ser norteamericano una dulzura, una ligereza, un elemento de evasión y, en una palabra, de civilización que hacen de este país uno de aquellos en que, a pesar de todo, se sigue respirando mejor”
martes 12 febrero 2008 - El ullastre con gafas

Trepidantes aventuras
El libro que os voy a proponer hoy es un antídoto muy efectivo contra migrañas electorales... y contra la añoranza por aquellas fenomenales historias de piratas de Emilio Salgari o Stevenson. Sí, se siguen escribiendo buenas novelas de aventuras. Como “Juegos sagrados”, la última obra de Vikram Chandra (Nueva Delhi, 1961), en la que se cruzan los destinos del “más o menos” honesto inspector de policía Sartaj Sing y el “más o menos” bestial gángster Ganesh Gaitonde, y recalco lo de “más o menos”, porque los personajes de Chandra no son arquetipos clásicos sino seres de carne y hueso, con sus claroscuros, contradicciones y flaquezas. Así veremos al policía consentidor de determinado nivel de corruptelas y en algún momento llegarán a enternecernos algunas debilidades del asesino implacable que es Gaitonde.
Alrededor de los planetas Sartag Sing y Ganesh Gaitonde, orbitan un sinnúmero de satélites deslumbrantes, como la “madame” que aprovisiona de vírgenes al matón y se convierte en confidente telefónica, y un santón de los que hoy día abundan y que mientras predica la armonía universal organiza su particular guerra santa con la involuntaria participación del gángster en busca de su redención. Van apareciendo otras historias a modo de zapping y sólo al final el lector conseguirá hacerse con toda la perspectiva de una obra descomunal que te reconcilia con el arte de la narración.
Al mismo tiempo, la novela es un fresco no tanto de Bombay o Mumbai como de un mundo en mestizaje galopante en el que se entremezclan políticos, policías, mafiosos, inmigrantes marginados, clases medias, en un estilo casi cinematográfico, con profusión de diálogos muy bien construidos y personajes bien delineados, redondos, con hondura psicológica y emocional.
Un aviso para exploradores: hay una gran profusión de personajes pero el glosario inicial ayuda a situarse mientras uno se familiariza con los nombres, así como un sinnúmero de expresiones en hindi, panjabí, marathi y tantas otras lenguas indias, que también vienen explicadas al final, pero a las que el lector se va acostumbrando sin demasiados quebrantos.
¡Ánimo y al toro, no os arrepentiréis!
domingo 20 enero 2008 - El ullastre con gafas

“Diccionario del ciudadano sin miedo a saber”. Fernando Savater. Edit. Ariel 2007
Del filósofo Fernando Savater puede decirse cualquier cosa excepto que no es un pensador comprometido con su tiempo. Porque lo es, y a jornada completa. Le conozco literariamente desde hace más de treinta años, tras haberme iniciado con un libro ya incunable “Impertinencias y desafíos” en el que denunciaba entre otras lacras lo que él llamaba “la osadía clerical”, tan de actualidad últimamente, y tuve la suerte de conocerle luego personalmente en tres jornadas memorables que pasamos juntos en diversas épocas en Menorca, impartiendo conferencias él, limitándose a presentarle el “Ullastre con gafas”.
Lo último que he leído de él, más allá de sus artículos en El País, es este opúsculo de muy agradable lectura, en el que comenta diferentes términos muy presentes en nuestra vida social como “Ciudadanía”, “Constitución”, “Derecha / Izquierda”, “Identidad”, “Inmigración”, “Laicismo” ( “El laicismo no es una opción institucional entre otras: e stan inseparable de la democracia como el sufragio universal”), “Nacionalismo”, “Políticos”... Por cierto, Fernando acaba de bajar a la arena política, con un nuevo partido y, aunque dude mucho de su éxito, estoy seguro que algunos mítines, los suyos, se convertirán en un foro de la antigua Grecia.
Son opiniones, en muchos casos discutibles, como todas, pero eleboradas y fundamentadas con rigor y un humor peculiar, siempre presente en sus escritos. Ayudan a pensar por nuestra cuenta, alejándonos del pensamiento de “la gente normal”, que suele ser un simple flash de eslóganes y lugares comunes. En un mundo que confunde demasiado a menudo cultura y entrenimiento, calidad por número de ventas, encontrarse con la mirada lúcida de Savater es un regalo que siempre se agradece.






























