domingo 10 junio 2007 - La vida es una televisión

No se me da demasiado bien la cocina. A ver… la verdad es que tampoco sé si se me da bien o no, porqué digamos que practico poco, tan poco que sería difícil determinar cual es mi nivel en los fogones; pero creo que estoy en disposición de afirmar que de entre mis virtudes no encontraríamos la de saber cocinar. Sí, definitivamente, no estoy hecha para vivir entre ollas y salsas. Pero ya sabéis que cada fin de año todos apuntamos en una lista aquello que queremos cambiar de nosotros mismos y en qué queremos mejorar, etc. Lo de dejar de fumar no lo estoy consiguiendo, ni tampoco lo de ir al gimnasio además de pagarlo. Ni hablemos de lo de intentar controlar mi mal genio matutino ni de dejar el chocolate y la Coca-Cola; así que he decidido ponerme con lo último que apunté en mi lista: aprender a cocinar. Y una vez agotadas las paciencias de mi abuela y mi madre intentando aprender a hacer un sofrito decente, no me ha quedado otro remedio que acudir a mi gran amiga televisión. ¡Si desde los inicios de la TV ha habido programas de cocina será por algo, digo yo! Así que sin dudarlo, el primero en el que me he centrado es San Karlos Arguiñano. Sí sí… lo habéis leído bien, San Karlos Arguiñano porque no sé en vuestras casas, pero en mi familia, lo que dice él va a misa. Si Karlos dice que hay que pelar las patatas haciendo el pino-puente, se hace y punto; que seguro que así se fríen antes. Si Karlos dice que para que un caldo salga sabroso hay que cantarle mientras hierve, pues se canta y punto. Así que debido a lo hondo que este hombre lleva calando en las artes culinarias de mi abuela y del resto de abuelas del país, me vi en la obligación de escuchar sus consejos cuanto antes. Pero que queréis que os diga, no me están yendo demasiado bien sus clases. Me pone tan nerviosa cuando cuenta chistes entre alcachofas y nabos que enseguida me corto mientras preparo la juliana. No puedo negar que es un gran comunicador, pero no acabo de coger su humor y mucho menos el tono de sus canciones… así que decidí cambiar de profesor. Menos mal que actualmente hay una importante oferta de clases de cocina por televisión, así que no perdí la esperanza de convertirme en una gran chef. José Andrés y su “Vamos a cocinar” de La Primera fue mi siguiente lección. “La cuina de l’Isma”, “España en directo” y sus conexiones diarias a diferentes restaurantes del país, hasta a Bárbara Rey me he puesto a ver en Canal 9 , que también enseña a cocinar después de su triunfo en “Esta cocina es un infierno” … Me he abonado al “Canal Cocina” y hasta he conseguido todos los programas de “Con las manos en la masa” y “Bona Cuina”, haciendo un esfuerzo titánico de recuperación de la memoria histórica culinaria televisiva. Estoy siguiendo a los “Supervivientes” en la isla hondureña, que aunque practican una cocina sencilla (cangrejo al agua de mar y un coco) pensé que podía sacar alguna idea ahora que está de moda la cocina sana… ¿Conclusión? Pues no he aprendido a cocinar. Lo siento, pero esa cena que os tenía prometida a unos cuantos tendrá que seguir esperando… Y no porque no enseñen buenos trucos y platos sabrosos, no… ni tampoco porque yo sea una negada total… es que me han parecido tan aburridos que no he sido capaz de concentrarme en las recetas. De tan simples que son estos programas, me distraen. Así que, toda esta maratón televisiva a la que me he sometido, al menos que me haya servido para darme cuenta de algunas cosas sobre los programas de cocina y poder hacer así escribir mi sección. En primer lugar, todos los programas de cocina son iguales. Y lo que es peor, desde hace un montón de años no se ha innovado en nada en este tipo de contenidos. Un cocinero, bastante freaky por cierto desde mi punto de vista, con una cocina de diseño resplandeciente como marco y hablando sin parar durante unos 20 minutos. La repetición de la preparación del plato, los ingredientes apuntados al final… Algunos se traen algún invitado famoso que los ayude, otros cuentan cosas sobre las propiedades del pescado azul o las vitaminas de las frutas, otros dedican un día a los postres, o ponen un disco mientras cocinan… pero es imposible detectar mayores diferencias. Sé que un programa de cocina tiene que enseñar a cocinar y es innegable que esa es la base, pero, ¿de verdad no se puede hacer nada para mejorar el formato? Si en mi anterior artículo criticaba el guayerismo de algunos programas, ahora exijo su aplicación en estos. Quizás son unos contenidos que siempre se han destinado a un público muy restringido y deben seguir la máxima de si algo funciona, para que vas a cambiarlo, pero no estaría de más intentar abarcar un mayor número de televidentes, ¿no? Es innegable que estos programas consiguen fidelizar, son útiles y están consolidados en la programación desde hace años. Además, la gastronomía está de moda, ahora más que nunca, así que sería un gran momento para hacer un hueco a propuestas frescas como lechugas y dar un salto. Porque creo sinceramente que si en algo se puede detectar el fenómeno de la globalización es en los programas de cocina. Lo único algo diferente que he encontrado es en el 33, “Karakia”, un gran programa de introducción a la inmigración a través de sus costumbres, cultura e integración en Catalunya y por supuesto, de su cocina. Pero claro, voy a aprender a hacer antes un cus-cus que una paella a este ritmo… En fin… os dejo que se me queman los falaffels y el wan-tun que estoy preparando.
Patricia Burgos
( 247 visualizaciones )
| 0 trackbacks
| enlace permanente
jueves 10 mayo 2007 - La vida es una televisión

Tanto el pasado año como este, justo antes de mi cumpleaños, pasa algo triste en mi casa. Así que llevo dos años experimentando alegría por un lado ante la llegada de mi jornada “Reina por un día”, pero a la vez, dolor porque dos seres a los que yo quería mucho, se han ido. Los que me conocéis más, sabéis de sobras cómo me gustan los animales y la casi obsesiva pasión que siento por mis chuchos y mininos; así que la penosa coincidencia de que el año pasado muriera mi gato Tristón y este año, mi perra Candy, la primera semana de mayo, son dos hechos que no puedo pasar por alto. Siento empezar este artículo de una manera tan ñoña, pero que queréis, no puedo evitarlo. En el fondo soy una sentimental. Así que quiero aprovechar mi sección para hacer un homenaje a Tristón y Candy y a toda la fauna del mundo mundial que tantas alegrías y cariño nos regala a diario recordando a algunos animales televisivos que bien merecen un espacio en este blog. Y antes de nada, aclaro el concepto de animales televisivos: los que van al veterinario y que acostumbran a tener mejor corazón y comportamiento que los que van sobre dos patas.
Seguro que ahora mismo, en vuestra mente están apareciendo un montón de imágenes de animales de carne y hueso y sobre todo, animados, que llenaron vuestros televisores de la infancia. Porque os gusten o no los animalillos más o menos salvajes, la televisión no sería la misma sin ellos. Ni el cine, ni la literatura, ni los cómics, ni el arte, ni Walt Disney, ni la Warner Brothers, ni los Teleñecos… y un largo etcétera más de formas culturales y audiovisuales. Y esto es de justicia reconocerlo.
Empecemos por los conocidos como mejores amigos del hombre y de la mujer. Desde Lassie hasta Rex, ha habido un montón de perros y perras entrañables, fieles compañeros de fatigas y a menudo, bastante más inteligentes que sus amos, que nos han emocionado, nos han hecho sufrir, reír… Me encantaba Sultán, el perro del Inspector Gadget, y Niebla también ha sido uno de chuchos favoritos. Rin Tin Tin, Risitas… y el mejor de todos, con permiso del perrito de Scottex, al que también adoro, ha sido Supermán: sin él, los Parchís no hubieran podido existir. Sin duda. Porque todos los perros van al cielo, esto tampoco lo dudéis.
¿Y qué me decís de los gatos? Un montón de villanos no hubieran asustado a nadie ni hubieran podido idear el fin del mundo de no estar acompañados por un lindo gatito. Inteligentes, independientes, astutos, interesados, sofisticados… No estoy a favor de la imagen que se ha dado de ellos en la mayoría de sus apariciones, ya que si los perros siempre han acompañado a los héroes y a los buenos, el lado oscuro y la malignidad han estado representadas por ellos como consecuencia de una injusta mala fama, pero aún y así, hay gatos famosísimos. Isidoro es el Rey de la ciudad, Salem, Silvestre, Tom, Bola de Nieve Simpsom y la adaptación televisiva de los comics de mi gato favorito, Garfield.
¡Vaya Waku Waku me está quedando! Y es que la lista de animales televisivos es interminable y sería imposible detallar aquí a todas las estrellas con pelo, aletas, plumas, patas, hocico, rabo, y de más atributos que guionistas de los cinco continentes han incluido en sus proyectos. El Sr. Nilson y Pequeño Tío habitaban en la fantástica casa con Pippi, Bugs Bunny, la Rana Gustavo, Porky, los Mosqueperros, el Coyote y el Correcaminos, el Pájaro Loco, Flipper, Chita, Espinete y la Gallina Caponata, Leoncio, el Pato Donald, la gos d’atura “Jau, Coloma, Jau” y añadid tantos a esta lista como os vengan a la cabeza… Seguro que cada uno de vosotros tiene a sus favoritos muy presentes.
Y para acabar con este sentido homenaje a los animales catódicos, algunos programas dedicados a ellos. Quiero hacer una mención especial a “Veterinaris”, un programa emitido por TV3 que pronto se convirtió en una de mis citas televisivas indispensables de la semana porque creo que aunque no me gustaran tanto los animales, lo hubiera seguido igual. “Bèsties” es la propuesta actual de la cadena, fiel seguidora de la primera, que ha tomado el relevo perfectamente a la dedicada a los animales de compañía. Ambos programas me parecen un gran formato televisivo, innovador y completo. No puedo decir lo mismo de “Ankawa”, emitido hace unos meses en TVE, ya que aunque Bertín Osborne no me cae mal del todo, el programa me parecía bastante flojo y el gorila ese de mentira que pusieron como de co-presentador mudo, odioso.
Y no lo olvidéis… si queréis seguir disfrutando de los animales en la parrilla televisiva actual, haced un esfuerzo a la hora de la siesta y no os perdáis los documentales de La 2 ni del K3. Además de poder presumir de intelectuales en cualquier reunión social, aprenderéis un montón de cosas interesantes sobre estos grandes seres de la naturaleza que comparten, a menudo con dificultades pero espero, por mucho tiempo, con nosotros el Planeta Tierra.
Para Tristón y Candy.
Patricia Burgos
lunes 9 abril 2007 - La vida es una televisión

Que en una semana televisiva coincidieran en parrilla la difusión de las fotos de Elsa Pataki publicadas por Interviú, el certamen de Miss España y el estreno de "Cambio Radical" en Antena 3… Tiene mucha tela… Vamos, que nos tiramos siete días que la programación solo estaba protagonizada por físicos imponentes, el de la Pataki, por si hubiera alguna duda; con los más o menos pasables de las supuestas bellezas patrias y con las quiero y puedo cambiarlo a golpe de talonario de las feas deseosas de convertirse en estrellas y sobre todo, de alcanzar la felicidad. Y si añadimos las elevadas audiencias que sigue cosechando "Yo soy Bea" en Telecinco gracias a los miles de espectadores que esperan con ilusión el milagro de la transformación de la sumisa y por supuesto, fea secretaria, en una radiante mariposa, ya tenemos el cuadro completo.
A ver… vaya por delante que no soy de las que piensa que la televisión tiene la culpa de todo lo que no me gusta en esta sociedad, ni de que los niños sean más violentos ni de que los elevados índices de personas con transtornos alimentarios en busca de un cuerpo perfecto sigan al alza. Me resisto a pensar que la masa social no es capaz de discernir entre contenidos, intenciones, mensajes, etc, que los diferentes medios de comunicación lanzan a diario y por último, defiendo a ultranza la libertad de expresión de los que dirigen y crean los contenidos mediáticos ya que como telespectadora siempre tengo la última palabra a la hora de decidir qué quiero ver o de apagar la tele, por lo tanto, jamás hablaré de censura ni siquiera de control en mis artículos. Pero una vez expuesto todo esto, debo añadir que en este caso, durante esa semana concreta, pensé que cada vez estamos rizando más el rizo y que cuidado… que esto se nos puede escapar de las manos. ¡Ah, claro! Y se me olvidaba añadir la elección de Miss Fea por "Aquí hay tomate" durante la semana posterior… ¡¡¡Qué fuerte me pareció todo aquello!!!

Sé que con este artículo puedo meterme en un jardín del que no sé si sabré salir y no creo que sea mi labor crear conciencia social ni poner de manifiesto cómo puede afectar tanta frivolidad a las personas, pero sí os diré que me preocupa un poco a los niveles a los que estamos llegando. Y para que veáis que no quiero hacer demagogia cargando sobre cómo influye la televisión en los gustos estéticos del momento, y muchos menos un programa concreto, recuerdo que los patrones de belleza, cambiantes y caprichosos, siempre han existido y se han difundido por múltiples canales, dependiendo de la técnica del momento: pintura, escultura, fotografía, etc. y ahora, por canales audiovisuales, por lo tanto, no culpo a la televisión de hacer ahora lo mismo que se ha hecho siempre: realzar aquellos que unos cuantos han decidido qué es bonito y lo que no en la época que nos ha tocado vivir. Pero es evidente que la repercusión que se consigue en un prime time no es la misma que en una exposición de cuadros del Renacimiento, por lo tanto, la retroalimentación entre realidad y sus representaciones y como interactúan una sobre la otra, tampoco. Por eso digo que cuidado con lo que estamos consumiendo audiovisualmente y sí realmente estamos preparados para intentar digerir todo lo que no están sirviendo de una manera consciente y objetiva, sin dejar que nos afecte demasiado. Siempre he creído que nuestra televisión es un reflejo de la sociedad, como en su momento fueron otras formas de representación, por lo tanto, lo que realmente me parece grotesco no es la proliferación de programas como el de "Cambio Radical", sino estar viviendo en un mundo que valora por encima de todo un físico; que un cuerpo 10 puede abrirte las puertas de la felicidad, de la integración social y que constantemente te estén recordando que nunca conseguirás tus objetivos si no posees belleza. Porque lo que la gente de verdad quiere ver no es como Bea, vestida con ropa de cortina, rebequitas de lana y su ortodoncia, conseguirá a su príncipe azul… no… lo que se espera de ese personaje es su transformación en cisne ya que solo así conseguirá su sueño completo que no pasa por conseguir un hombre, sino el respeto de un mundo que ahora la rechaza. Y ese es el mismo respeto que esperan conseguir las mujeres que acuden a "Cambio Radical", las mismas que deciden borrar todos sus complejos e inseguridades en un quirófano y lejos de sus seres queridos encerradas en una casa durante 2 meses. El respeto no debería verse afectado ni depender de unas cartucheras, unas gafas de pasta o una nariz aguileña. Pero por favor, disculpadme… se me olvidaba que esto debería ser una crítica televisiva. Bueno, pues ahí va: "Yo soy Bea" me parece una serie con unos guiones pésimos y una realización simplista y carente de todo atractivo, con abundancia de planos generales; una puesta en escena demasiado teatral y unos personajes demasiado tópicos y caricaturizados. Y "Cambio Radical", como formato televisivo, me parece aburrido… una intercalación de declaraciones de la paciente y de los especialistas superficiales, sin dinamismo ni ritmo con una sobreactuada y afectada Teresa Viejo como conductora.
Patricia Burgos
lunes 26 marzo 2007 - La vida es una televisión

Abogados, periodistas, detectives, investigadores, policías, maestros, albañiles, farmacéuticos, psicólogos, propietarios de bar… cualquier colectivo profesional es, ha sido y será objetivo de una serie de televisión. Pero, seguro que estáis pensando que me he dejado a un grupo importante… sí sí, esos que van con bata blanca y que hablan raro… Y de ellos quiero hablar hoy, de los médicos, que según un estudio reciente, tienen la profesión mejor valorada de España y que desde siempre han llenado nuestra televisión. Sin olvidar a “Médico de Familia”, aunque su trama médica fuera prácticamente inexistente, “Doctor en Alaska”, “Nip/tuck”, “La Doctora Quinn” y un largo etcétera más que iremos repasando, multitud de médicos han desfilado por las pantallas, casi siempre cosechando grandes éxitos de audiencia, humanizando a este colectivo que a veces nos resulta algo lejano e incomprensible.
Los últimos médicos que han llegado a la parrilla televisiva este año abriéndonos las puertas de un hospital han sido los residentes y adjuntos de “M.I.R”, serie de Telecinco que, aunque a mí ha conseguido engancharme, parece que no ha acabado de cuajar en la audiencia y no ha podido superar, parece que ni siquiera acercarse, a la estela que había dejado “Hospital Central” en la misma cadena. Vamos, que estos chicos y chicas han hecho honor a tan célebre frase propia de su colectivo; su presencia en la programación ha sido como una visita de médico: rápida, breve, fugaz. Me gustaría recomendaros esta serie, pero he llegado tarde porque esta semana se emitirá el último capítulo. En fin, una lástima para los fans, que también los hay, ya que he podido visitar algunos foros con múltiples mensajes de pena y dolor. Nos hemos quedado como si hubiéramos perdido un paciente en quirófano.
Pero, tranquilos; no pasa nada, porque los diferentes programadores televisivos nos tienen asegurada una ración de médicos para tiempo, de eso no hay duda. Para seguir con nuestro tratamiento, tendremos que acudir a Cuatro y a su envidiable cuadro médico, que ya le gustaría tenerlo a la Seguridad Social, con el famosísimo “Dr. House” a su cabeza y “Anatomía de Grey”. Estas series han arrasado en medio mundo y no han sido menos en España, superando incluso el fenómeno “Urgencias”, que quizás sea la culpable de esta auténtica pasión hospitalaria global (y permitirme que insista en este momento en el maltrato que siempre ha sufrido esta gran serie a la hora de ser programada… un auténtico éxito para que nadie la pudiera disfrutar a parte de los que padecían insomnio).
Y llegados a este punto, ¿por qué nos gustan las series de médicos? Yo creo que estas series, casi siempre, han sabido combinar guiones bien construidos a partir de tramas complejas que ahondan en las relaciones personales y profesionales de sus protagonistas, personajes perfectamente descritos y fácilmente identificables y acción. Series corales, pobladas de personajes que dan mucho juego a los guionistas al presentarnos los puntos de vista de los médicos, los pacientes, sus familiares, etc. Adentrarme en ese microcosmos que representa un hospital me permite saciar mi vouyerismo innato y curiosidad por saber qué pasa detrás de los boxes de urgencias, en los quirófanos y en las salas de rayos, así como enterarme antes que nadie de un diagnóstico certero y ser testigo de la violación del secreto profesional.
Los temas médicos apasionan a la sociedad y buena muestra de ello no solo lo encontramos en las series de ficción, sino también en los programas dedicados a la salud y al diagnóstico precoz, tratamientos, etc. ¡Si hasta de niños jugamos a médicos!
Esperemos que los guionistas sigan gozando de buena salud para seguir contándonos historias entre análisis, camillas y electrocardiogramas… sino tendré que volver a recurrir al prozac para poder ver la tele sin deprimirme tanto.
¡Ah, por cierto, parece que se acerca otra de médicos, en este caso, neurocirujanos, “3Lbs”, que parecía prometer mucho pero no ha acabado de funcionar en USA, así que ya veremos si se arriesgan a programarla aquí!
Patri
miércoles 21 febrero 2007 - La vida es una televisión
"La vida es una televisión" es la nueva sección del blog de Un lloc, un món. La polifacética comunicóloga Patricia Burgos nos ayuda a hacer el mejor zapping posible desde su cómodo sofá. 
La vida es una televisión, de luz y de color oooohhhh de luz y de color oooohhhh. Os suena ¿no? Bueno… es posible que la tierna y rubia canción de la todavía más tierna y rubia Marisol no fuera del todo así, pero ¿existe alguna diferencia realmente entre la tómbola y la Televisión? Y que conste que no me refiero a la unión de los dos términos tal que: “me ha tocado una tele en una tómbola” que podría ser, no lo niego y que ya me gustaría que me pasara a mí, ahora que lo pienso… una de esas de plasma, bien grandes…. (basta, Patricia, basta de imaginar) No. Ni tampoco hablo del programa de Canal 9 tan popular gracias a sus destacados tertulianos e invitados. Tampoco. Me refiero a sus similitudes, que las hay, ya verás, similitudes que podemos encontrar en esas frases tan estupendas y profundas como por ejemplo, “la televisión que nos ha tocado vivir”, “qué suerte he tenido, este agosto me toca hacer la siesta otra vez más con Verano Azul” o para los que quieren vivir del medio desde un punto de vista profesional, “no sé qué números comprar para que me toque un empleo en una TV”.
Muñecas chochonas y payasos de diferente índole, jamones y jamonas, música, colecciones de séries y películas, balones de fútbol y otros materiales deportivos varios, peluches, manga y anime, cómics, golosinas, animales, juegos y artículos de todo tipo de mejor o peor gusto, más o menos útiles y necesarios para nuestra vida cotidiana… todos estos elementos llenan las estanterías de una tómbola. Ahí están… bien quietecitos, en su rincón, a la espera de que cualquiera de nosotros compre el número agraciado que hará que te los puedas llevar a casa para disfrutarlos, despedazarlos, guardarlos, regalarlos, compartirlos…
¿Y acaso la Televisión no está repleta de los mismos objetos? La Televisión es ese gran escaparate repleto de contenidos más o menos caros, baratos, interesantes, aburridos, innovadores, freakies, objetivos, provocadores, tradicionales, didácticos… que están deseando ser… vistos y sobre todo, compartidos e integrados. Siempre expuestos a la crítica, a la polémica, al polvo, al olvido, al éxito… Exhibidos de forma impúdica con un único objetivo: llamar tu atención para que entres en su juego e ilusionarte, cabrearte, hacer de tu siesta una experiencia inolvidable, dejarte absorto sentado en tu sofá…
La Televisión es una apuesta continua. Cada día, tienes a tu disposición unos cuantos números y con el mando a distancia, juegas tus papeletas hasta encontrar la suerte o que ella te encuentre a ti a través de un zapping descontrolado. Porque en el fondo lo sabes…¡te pueden tocar tantas cosas!: “una serie nueva”, “Aída Nízar en el polígrafo”, “al menos no están haciendo anuncios”, “un documental sobre el apareamiento de la rana sub-amazónica” o hasta “el debate sobre el estado de la Nación”. Y si tienes una personalidad algo más “ludópata/veo la TV a diario y me gusta, ¿qué pasa?” y no tienes suficiente con los números nacionales, autonómicos y locales, puedes comprar más y más papeletas a través del satélite, del cable, Internet…
Poco a poco vas decidiendo qué lugar le das a cada uno de esos objetos que esta tómbola a la que he llamado Televisión, en constante evolución y abierta al mundo, te brinda a diario y sobre todo, el uso que harás de ellos. Tú decides si forman parte de tu mundo o no.
Está claro que cuando vas a la feria siempre tienes la opción de no participar en ninguna tómbola, pero seamos sinceros, ¿quién puede resistirse a esa caravana llena de luz y de color? Yo, lo confieso, no puedo… siempre tengo la esperanza de llevarme el peluche más grande.
Patri
























