domingo 9 marzo 2008 - Adivina quién viene a cenar

EL TERROR DE LAS NENAS
Tía, tía, tía... no te vas a creer quién viene a cenar esta noche... siiiiiiiii... ¡¡¡es él!!! ¡¡¡es Shah Rukh Khan!!! Aish, es que es tan sexy, tan macho (y a la vez tan sensible), canta tan bien, y pone esas cinco caras tan bien puestas, tan estudiadas... aish... Los demás en Bollywood sólo ponen dos caras, así que él es el mejor actor de todos, por supuesto.
Es una suerte que haya viajado desde India a Europa y que yo pueda tenerlo aquí conmigo. No me puedo creer que el protagonista de “Om Shanti Om” y de “Main Hoon Na” vaya a estar en mi cocina esta noche. Jijijijiji...
Voy a preparar algo rico para él, quiero que se sienta como en casa... ¿un curry? ¿un pan naan? ¿un aloo gobi? ¿unas samosas?... creo que no, creo que le voy a preparar un aperitivo de patatas Bombay, así nos lo podemos dar el uno al otro acarameladitos... jijijijiji...
Patatas Bombay
Ingredientes (para él y para mí)
unos 300 gr. de patatas baby hervidas y cortadas por la mitad
un cuarto de cucharadita de semillas de mostaza (de la tienda de comida oriental)
un cuarto de cucharadita de cúrcuma (también de la tienda de comida oriental)
una cayena machacada
sal al gusto
aceite vegetal
Se calienta el aceite en una sartén y se le añaden las semillas de mostaza, la cayena y la cúrcuma. Se frien unos 30 segundos y se añaden las patatas, se dejan unos minutos para que cojan color y se siguen friendo unos cinco minutos más con la tapa puesta.
Se sirven calentitas. Quedan picantitas y riquísimas.
Ya me he puesto el sari de los domingos y estoy ensayando los bailoteos que nos vamos a marcar con las canciones de la peli...
Gori gori gori gori gori gori... Kabhi kabhi kahin kahin chori chori”</a> ¡Ya te contaré! Jijijijiji...
¡Salud!
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viernes 22 febrero 2008 - Adivina quién viene a cenar

El físico cabreao
La otra tarde, cuando por fin pude deshacerme de las zarpas de la mafia (hay que ver lo convincentes que pueden llegar a ser esos muchachos), estaba yo preparándome mi compota hibernal (higos secos, orejones, pasas, ciruelas pasas, canela, piel de naranja y un par de clavos, 20 minutitos de chup-chup y voilà!) tarareando distraidamente “fiesta, que fantástica esta fiesta...” cuando de repente sonó el timbre de la puerta. Fui a abrir. Era Isaac Newton y ¡estaba cabreado!
Entró como una exhalación mascullando insultos en inglés (algo así como bloody nosequé...). Parecía de muy mal humor. Aunque este tipo se gasta siempre muy malas pulgas, la verdad.
- Isaac, darling, ¿podrías calmarte un poco? -le dije yo, temiendo que al hombre le diera una apoplejía, tan rojo estaba de ira.
- Ese bastard de Leibniz me vuelve a decir que él publicó primero sus artículos sobre cálculo infinitesimal. Y además, intento pensar claramente, bajo mi apple tree del huerto, y no paran de caerme manzanas en la cabeza. ¡Mira! ¡Ya he recogido más de dos kilos!
- Es que a quién se le ocurre ponerse a hacer la sies... estooo... a reflexionar debajo de un manzano... A ver, déjamelas ver.
Eran unas manzanas hermosísimas, rojas, sanas y firmes. Se me encendió la lucecita y le dije al Mr. Newton que se relajara y se acomodara en la butaca. Mientras él se seguía quejando de sus cosas de físico yo fui preparando la merienda: precalenté el horno a 180ºC, pelé y descorazoné un par de manzanas, trituré mi compota y rellené las manzanas con ella y, cómo sé que el científico gruñón es un golosín, hice un caramelo con seis cucharadas de azúcar, una cucharada de agua y dos cucharadas de mantequilla y lo eché por encima de las manzanas. Las dejé en el horno unos 45 minutos y las serví con mi mejor sonrisa de niña buena.
Mientras disfrutábamos del postre, Isaac se fue calmando y me estuvo explicando varías de sus teorías. Me hablaba de fuerzas, de atracciones, de masas y aceleraciones... y creo que al final entendí su mensaje: hay una fuerza que me atrae hacia la tierra, ¿o era yo la que la atraía hacia mí? Bueno, ¡a quién le importa teniendo la boca llena de manzana asada!
¡Salud!
martes 5 febrero 2008 - Adivina quién viene a cenar

SPAGUETTI COSI NON LI AVATE MAI VISTI!
Buona sera! Hoy Mar no está disponible para vosotros. Le hice una oferta que no pudo rechazar. Así que voy a ser yo, Clemenza, quien escriba hoy. Leed con atención porque alguna vez vais a tener que cocinar para 20 tíos.
Primero, empezad con la salsa. SIEMPRE empezad con la salsa. Haced de dos quilos de auténtica salsiccia siciliana albóndigas del tamaño de un canicón. Si no encontráis salsiccia siciliana, por lo menos comprad salchichas de buena calidad, no queremos tacañear en ciertas cosas.
En una sartén freíd las albóndigas con aceite de oliva hasta que estén doradas. Reservadlas. En el mismo aceite echad 10 dientes de ajo a láminas, una cucharada de orégano seco y 3 o 4 peperoncini.
Añadid media botella de vino tinto y dejad que se evapore un poco.
Entonces echad los cuatro quilos de tomate triturado, NO QUEREMOS un tomate ya frito, queremos solo pomodoro italiano, una polpa que haga exclamar al Don “Mai vista una polpa così!”.
Dejad la salsa a fuego medio-bajo de 20 a 30 minutos. Sazonad con sal, azúcar y pimienta al gusto. Mezclad las albóndigas con la salsa de tomate y reservad.
Cuando estén los 20 tipos alrededor de la mesa preparados para comer y SÓLO ENTONCES podemos empezar a cocer la pasta. RECORDAD: la pasta no espera a los invitados, los invitados esperan a la pasta. En unos 20 litros de agua con sal hirviendo a borbotones (NI SE OS OCURRA ponerle aceite al agua) echamos dos quilos de spaghetti.
Coced la pasta EXACTAMENTE lo que indica el paquete, ni un minuto más. Escurrid los spaghetti (NUNCA los aclaréis con agua) y añadidlos a la salsa. Mezclad bien y servid la pasta en platos hondos con parmesano rallado.
Si los spaghetti han quedado demasiado secos, se les puede añadir un poco del agua de la cocción. La salsa volverá a quedar jugosa.
Que os aproveche y nunca os olvidéis de llevaros los cannoli para el postre.
Salute!
martes 15 enero 2008 - Adivina quién viene a cenar

LA REPELENTE NIÑA VICENTE
Tengo bastantes cosas en común con el personaje de hoy. Yo también era una niña repelente y sabionda que atacaba los nervios de mis progenitores con extravagantes preguntas “Papá, ¿qué son las drogas?” “Mamá, ¿Los médicos pueden creer en Dios?”
Tuve una época en la que me dedicaba, como ella, a criticar el funcionamiento del mundo y aclamar al viento lo injusto que es todo.
Sufrimos conjuntamente el trauma infantil de no tener tele hasta los 7 años (aproximadamente) y no haber visto nunca a Chanquete ni otras delicias televisivas.
Además, a mí tampoco me gustaba demasiado la sopa... a decir verdad, no me gustaba demasiado comer...
Hay cosas que nunca cambian, y todavía hago preguntas absurdas a los que me rodean (ya no pregunto más y buscaré en la wiki si las vacas se resfrian, jo...), por saber no más. Pero menos mal que otras sí que cambian y lo que no me gusta ahora es no comer. Es por eso que sé que, si hubiera podido crecer y estuviera en sus 30, Mafalda se relamería con esta sopa.
Sopa rápida calientabuches
Ingredientes (para cuatro o para dos con hambre de cuatro)
un manojo de “hierbas para el caldo” (un par de zanahorias, una chirivía, un puerro, un poco de apio, un nabo...)
un par de patatas medianas
un manojo de perejil picado
un litro de caldo vegetal o de pollo
unos 200 gr. de tortellini de carne ya cocidos (o macarrones, fideos gordos, espaghetti, galets que sobraron de la escudella...)
Se pone a hervir el caldo. Mientras, se cortan a daditos pequeños (que quepan en una cuchara) todas las verduritas. Se deja hervir unos 30 minutos. Entonces se añaden los tortellini, el perejil picado. Se deja reposar un par de minutos y ¡a comer!
Es una receta simple, pero efectiva. Si apetece más un rollo potaje se le puede añadir alguna legumbre ya cocida y dejar hervir unos minutillos más.
¡Salud!
martes 1 enero 2008 - Adivina quién viene a cenar
LA NOCHE DE NAVIDADEsta Nochebuena me pasó algo extraño. Después del tradicional banquete típico de esa noche, hecho a base de exquisiteces y de mucho cariño, cuando todo el mundo se había ido a sus casas y el silencio me encogía el corazón, no podía dormir. Salí al frío de la cocina y me preparé un chocolate caliente, a ver si el sueño aparecía por fin.
Entonces, me sobresaltó un ruido en el balcón y vi una sombra que se movía allí afuera. Me asusté de veras y cogí la primera arma que tenía a mano: el rodillo. Me fui acercando sigilosamente a la puerta del balcón soltando amenazas y cuando estuve lo suficientemente cerca vi a un hombre rechoncho, con las mejillas sonrosadas y pinta de haberse estado remojando alegremente en la playa con abrigo y todo.
El pobre se estaba congelando y lo dejé entrar ya que parecía inofensivo. Se quitó sus extraños vestidos rojos mojados y los tendimos al lado de la estufa. Le preparé una taza de chocolate y le ofrecí unas galletas para que se repusiera. Estuvimos comiendo y conversando hasta que sus ropas se secaron. Entonces se vistió y me abrazó agradecido. Un reconfortante olor a abeto y a leña me envolvió. En ese momento supe que esa noche había estado con Santa Claus.
Éstas son las galletas que compartimos.

Vanillekipferl (medias lunas de vainilla)
Ingredientes (para unas 50 galletas)
120 gr. de almendras molidas
200 gr. de mantequilla a temperatura ambiente
50 gr. de azúcar en polvo
dos paquetes de azúcar avainillado
2 yemas de huevo
una pizca de sal
270 gr. de harina
para espolvorear: 100gr. de azúcar en polvo mezclado con un paquete de azúcar avainillado
Se baten la mantequilla, el azúcar en polvo, el azúcar avainillado hasta que queden cremosos, entonces se añaden las yemas y la sal. Se sigue batiendo un poco. Se mezcla todo con la harina y las almendras molidas. Se forman dos rollos de unos 3 centímetros de diámetro con la masa que se envuelven en papel film y se dejan reposar unas dos horas en la nevera.
Se precalienta el horno a 180ºC. Se trocean los rollos en lonchas de un centímetro y se forman medias lunas con cada loncha. Se ponen las medias lunas en bandejas con papel de horno. Se hornean unos 15 minutos por tanda. Cuando aún están las galletas calientes se espolvorean con la mezcla de azúcares y se dejan enfriar sobre una rejilla.
Ya sabéis, tenedlas siempre a punto, nunca se sabe cuando se pueden necesitar.
¡Felices Fiestas!
viernes 14 diciembre 2007 - Adivina quién viene a cenar

LAZOS TRANSATLÁNTICOS
Hay ciudades que no tienen por qué ser especialemente bonitas pero que tienen un latido especial. Son ciudades con alma, personalidad y carácter. Las hay que inlcuso tienen familia, como Barcelona y Nueva York, que son hermanas.
Las dos respiran cultura, modernidad y son centros económicos claves de su tierra, aunque no tengan la capitalidad política. Ambas se dejan acariciar por aguas saladas y eso forma parte de su manera de ser.
Como hermanas que viven separadas han tenido su relación a distancia particular: en el 92 fueron de boda cuando se casaron la Estatua de la Libertad y Colón, y Woody Allen decidió este año ofrecerles otra característica común: ser protagonistas de sus películas.
Yo quiero contribuir también a este hermanamiento, por eso quiero invitar a cenar a Mr. Allen. Llegará con aire despistado y con un buen vino bajo el brazo. Abriremos la botella, beberemos juntos y él tartamudeará anécdotas de NYC mientras yo le explico sobre Barcelona. Hablaremos de las cosas que las unen y de las que las separan.
Yo serviré un plato típico de Manhattan pero con un toque mediterráneo, para que la unión de ambas quede sellada definitivamente.
Sopa de almejas de Manhattan con tostada de allioli gratinada
Ingredientes (para dos como plato principal)
4 lonchas de bacon
un apio cortado a dados pequeños
una cebolla cortada fina
una lata de tomate triturado
un par de patatas medianas
un chorro de vino blanco
medio litro de caldo de pescado
medio kilo de almejas
dos rebanadas de pan tipo ciabatta
un diente de ajo
una yema de huevo
aceite de oliva
sal y pimienta
En una olla caliente se frien las lonchas de bacon hasta que estén doradas y se reservan encima de papel de cocina para mantenerlas crujientes.
En la grasa que el bacon ha dejado en la olla se sofríe a fuego medio la cebolla y el apio hasta que estén blandos. Se le añade el vino, el tomate triturado y las patatas a dados, se cuecen unos 10 minutos. Mientras, se abren las almejas en una cazuela aparte con un poco de agua.
Entonces se añade el caldo a la salsa de tomate con las patatas. Se cuece unos 20 minutos, o hasta que las patatas estén tiernas.
Se añaden las almejas abiertas (las que no se hayan abierto se descartan) y su jugo colado, se apaga el fuego y se tapa la olla para que la sopa no se enfrie. Mientras se prepara un allioli con el ajo, la sal, la yema y el aceite de oliva. Se tuesta el pan y se le pone una cucharada de allioli encima.
Se sirve la sopa en boles o platos hondos con la tostada y el bacon encima y se gratina bajo un grill muy caliente unos pocos minutos, hasta que el allioli quede dorado.
El resto del allioli se saca también a la mesa para echarle un poco a la sopa y hacerla más cremosa.
Cocer almejas no es como perseguir langostas por la cocina, pero esta sopa creo que estrechará aún más los lazos transatlánticos que nos unen.
¡Salud!





























