domingo 21 octubre 2007 - África se va al cine

MÁS CINE ESPAÑOL
Cinco mesas de billar francés
Ya he hablado varias veces de los multicines que han abierto en mi nuevo barrio. No sé si porque sigue sin ir mucha gente, o porque son muy generosos los propietarios, el caso es que continúan dando unos vales para comprar entradas a 3,90 euros que es realmente de agradecer. A mí me tienen ganada para su causa.
El pasado miércoles, Juan (ya sabéis, es mi querido “compañero de vida”) y unos amigos fuimos a ver la última de Gracia Querejeta. Como a otros directores, la llevo siguiendo desde hace tiempo: El último viaje de Robert Rylands, Cuando vuelvas a mi lado, Héctor… Es una buena directora, sobria, amante de las historias de la vida cotidiana. Lo más interesante de sus propuestas cinematográficas es hacer ver que los personajes aparentemente convencionales, rutinarios e intrascendentes encierran grandes pasiones y dramas personales. En fin: la vida diaria es eso. Nuestros aburridos vecinos, nosotros mismos, ocultamos secretos fascinantes, increíbles. Aun a pesar de nuestra apariencia irrelevante. Éste es un tema propio de la cinematografía de Gracia Querejeta.
Esta vez nos cuenta la siguiente historia. Una mujer y su hijo viajan desde Vigo a Madrid. El padre de ella ha muerto. En la estación de autobuses la amante del padre les espera. La hija no veía a su padre desde hacía ocho años. El padre regentaba un salón de billares de barrio. Él mismo era un excelente jugador. El negocio está lleno de deudas, pero la hija decide retomarlo. Esto ocurre después de haber vuelto a Vigo y descubrir allí que su marido policía es un corrupto. En Madrid de nuevo, esta mujer también se propone reunir al antiguo equipo de jugadores de billar que capitaneaba el padre.
Los personajes que se reúnen alrededor de Ángela, que es el nombre de la protagonista, son hombres y mujeres absolutamente normales y corrientes, y viven en casas modestas, visten ropa de saldo y toman cañas en terrazas con sillas de plástico. Pero la mayoría tienen secretos:
-Ángela esconde la decepción que le causa su marido y la mala relación que tuvo con su padre.
-El marido de Ángela se ha convertido en un policía corrupto a causa de su propio secreto.
-La amante del padre de Ángela, Charo, oculta su pasado en la cárcel, sus problemas económicos, su soledad, sus sentimientos, su insatisfactoria relación con el padre de Ángela.
-Uno de los jugadores de billar intenta no revelar su paulatina ceguera e intenta superar sus tendencias ludópatas.
-Otro de los jugadores vive en secreto su amor por Evelyn, una hondureña casada, enamorada de este chico pero que aún espera que su marido venga a vivir con ella.
-Un tercer jugador ama a Charo, con la que tuvo un breve romance, pero a la que apartó de su lado por lealtad al padre de Ángela, su mejor amigo.
Hay otros personajes que no ocultan secretos, que son el contrapunto transparente de los anteriores, atormentados en su cotidianeidad: son los que encarnan Ramón Barea, otro integrante del equipo, un taxista socarrón, un hombre sencillo; el de Amparo Baró, la madre anciana de Charo, cuya mayor ilusión es irse a vivir a una residencia (pero Charo cree que su responsabilidad es cuidarla; la madre de Charo, sin embargo, quiere “vivir su vida”, aunque no para de preguntar a todo el mundo “¿Para qué sirve un viejo?”, y evidentemente, nadie es capaz de responder); y, por último, el hijo de Ángela, Guille, un observador concienzudo de todo lo que está pasando a su alrededor, quien reflexiona en un momento de la película: “Los mayores dicen que no hay que mentir, pero ellos siempre están haciéndolo”.
Pero por encima de todos, hay otro personaje, el muerto, que condiciona sus vidas indirecta o directamente, por cuya causa están todos juntos, y con cuyo recuerdo algunos tendrán que romper.
La película tiene un final abierto aunque conciliador. La vida continúa para todos los personajes, pero ese retazo que contemplamos, las cuitas a las que asistimos, son superadas. Hay que alabar la terminación de esta historia: era difícil acabarla sin caer en la ñoñería, y Gracia Querejeta lo consigue.
Los actores son fabulosos, un gran acierto de casting. Sobre todos destacan Jesús Castejón, con su aspecto tan cotidiano, tan poco glamouroso; y en especial Blanca Portillo, que es una actriz enorme. No extraña en absoluto el premio que le dieron en el Festival de San Sebastián.
Después de las anteriores experiencias con el cine español, que os contaba la otra vez, bien que se agradece esta propuesta de Gracia Querejeta. Confío en que no os importe que os recomiende otras dos películas españolas en cartelera: Las trece rosas (he leído bondades y maldades sobre ella), y la adaptación de la obra teatral de Lluïsa Cunillé, Barcelona (un mapa).
Una última recomendación. Esta vez es un cortometraje excelente de Natalia Regás y Magda Timoner. Si os gustan los microrrelatos, asistiréis a un fascinante cuento oriental “en pequeñito” que relata el amor imposible entre un nenúfar y un soberano-dragón. Las directoras han hecho de estos personajes seres humanos que viven en la ciudad. De verdad, es precioso. Lo podéis ver en:
http://www.fotogramasencorto.com/sala/v ... orto=1716#
¡Espero vuestros comentarios!
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martes 2 octubre 2007 - África se va al cine
DURANTE MUCHAS SEMANAS ÁFRICA NOS HA LLEVADO DE SU MANO AL CINE. UNA FRÍA TARDE EN EL RENOIR, UN DÍA DE VERANO EN LOS MULTICINES DE SU BARRIO... DE UNA MANERA U OTRA NOS HA AYUDADO A SENTARNOS MÁS CÓMODAMENTE EN LAS BUTACAS. ABIERTA LA NUEVA ETAPA DE UN BLOG, UN MÓN VOLVEMOS A PEDIRLE QUE PARTICIPE Y ELLA ACEPTA ENCANTADA. EL CINE DE LA MANO DE ÁFRICA SEMANA A SEMANA.
DOS MANERAS DE HACER CINE ESPAÑOL:
Salir pitando (Álvaro Fernández Armero) / Caótica Ana (Julio Medem)
A)La noche de las Noches Blancas en Madrid yo fui a ver Salir pitando al cine. Cualquiera puede pensar que esto es una confesión criminal. La verdad es que si hubiera ido a ver una de Buñuel, me hubiera sentido mejor. Pero hacía frío, llovía, éramos cinco personas, y fue la única película en la que estábamos de acuerdo.
En el cine español la comedia es un género con mucha tradición. Véase si no “Cine de Barrio”, por muy hortera que sea el programador de esas películas. Hay muchas películas de comedia en la historia de nuestro cine.
El problema de la comedia es que tiene que decirnos algo importante para que no nos parezca una pérdida de tiempo. Eso sí, tiene que ser algo importante no en la forma, sino en el fondo. Partiendo de esta base, Salir pitando es una buena comedia en la forma pero no nos dice casi nada, falla en el fondo, por lo que de alguna manera es una pérdida de tiempo.
La historia es la de un árbitro de fútbol que no acepta la separación de su mujer, la cual vive con el hijo de ambos (por cierto, este detalle es importante: “las películas con niño” siempre ganan adeptos gracias al niño en cuestión, generalmente gracioso y simpaticote, “muy mono”; hay que desconfiar de esta estrategia). Un día ésta le confiesa que está con otro hombre, y por su puesto, el ex-marido se lo toma muy mal, y se pregunta todo el tiempo quién podrá ser. En la siguiente escena los espectadores se enteran de que el mejor amigo del árbitro, un linier, es el nuevo amor de la mujer. La ignorancia del árbitro crea situaciones de risa.
Por otro lado, el árbitro se reincorpora a su ejercicio después de haber sido acusado de cobarde y “casero” en el último partido en el que pitó, por lo que los aficionados le esperan con insultos, en la prensa lo ridiculizan, etc. Esto también crea situaciones de risa.
Por último, este pobre hombre asolado por más desgracias que el santo Job tiene como apellidos “Ratón Pérez”. Y esto, aunque pretenda crear situaciones de risa, no hace ninguna gracia, es un chiste malísimo.
Todo termina bien porque esta película es una comedia. Guillermo Toledo, el árbitro, es realmente muy divertido, y su compañero de Animalario, Javier Gutiérrez, el linier, también. Lo son por su físico y por su buen hacer como actores. A pesar de ellos, el que destaca es el tercero en discordia, Antonio de la Torre, que tiene el personaje del tío-que-se-cree-gracioso-y-no-tiene-ni-puñetera-gracia. Está estupendo. Éste último es ciertamente un gran actor (os recomiendo Azuloscurocasinegro para que lo veáis en un papel mejor).
En resumen: un buen elenco para una historia con poca salsa. Esto es como ir a comprar bogavante al mercado para hacer una tortilla. Esos sí, la tortilla sale buenísima, pero es una simple tortilla.
B) Así que me fui con mi querido Juan otro día a desquitarme, y nos metimos en los Renoir de Cuatro Caminos a ver Caótica Ana, un miércoles cualquiera entre semana.
Se suponía que asistiríamos a una película con más contenido (y mejor continente). De hecho, soy una declarada fan de Julio Medem: me encanta Tierra, Los amantes del Círculo Polar, Lucía y el sexo... Y también Vacas, La ardilla roja... Esta vez el cineasta nos propone un trabajo lastrado por dos acontecimientos: las críticas que recibió por el documental La pelota vasca (interesantísimo e incomprendido) y la muerte en accidente de su hermana Ana, que era pintora. Así que ésta es una película que sigue intentando ser comprometida con el momento histórico y político, pero a la vez un homenaje muy personal a su hermana fallecida.
El problema de esta película (y empiezo adrede este párrafo como otro del apartado anterior) es el desequilibrio entre ambas pretensiones. Digamos que la historia de Ana, la protagonista (con el rostro tan hermoso de Manuela Vallés, un descubrimiento fotogénico –ya veremos como se desarrolla la actriz en el futuro-), una mujer que encierra en su memoria las muertes cruentas y trágicas de muchas otras mujeres es una idea muy bonita. Es el reflejo de un deseo de que la hermana muerta siga viviendo en otras mujeres vivas, es la aspiración a la eternidad de cualquier ser humano. Y el hecho de exponerlas a través de las hipnosis que son grabadas por la amiga de Ana también es una idea interesante, como una manera de atrapar esas almas que se han perdido en la memoria inconsciente de Ana. También me parece curiosa la manera de resolver la relación erótica y filial con el chico marroquí (pero aquí hay una sorpresa que no se puede desvelar).
Hasta aquí, lo mejor que la película de Medem nos ofrece. Lo demás, son piezas de un puzzle que no encajan, y que tienen que ver con la propuesta comprometida del cineasta:
-La metáfora del comienzo, que se supone que enlaza con el final de la película, pero que queda demasiado misteriosa al principio, y demasiado obvia al final.
-La amiga de Ana: un personaje desaprovechado, desdibujado, ¿cuál es su función?
-El hipnotizador de Ana, enamorado de ella, al que da permiso para ¿violarla? en las sesiones de hipnosis.
-La llegada de Ana a Nueva York: ¿había que introducir el personaje del padre de su amiga para simplemente hacerla llegar por mar, símbolo, en efecto, de libertad y eternidad, características de Ana?
-El problema saharaui, la guerra de Irak, la crítica al poder de los EEUU: todo esto, metido con calzador, como si el director tuviera que contar todo lo que le preocupa de nuestro mundo.
-El origen indio de la primera Ana: ¿qué aporta que fuera india o zulú?
¡¿Por qué Medem no dejó la película en un homenaje a su hermana?!
Para que no se diga que estoy en contra del cine español, ni mucho menos, termino esta sección con recomendaciones de películas españolas. No dejaría de ir a ver Mataharis, de Icíar Bollaín, ni tampoco El orfanato, que quieren llevar a la gala de los Óscar. Ah, y un descubrimiento que los ecuatorianos que viven en nuestro país han convertido en un exitazo: Qué tan lejos. Las tres tienen muy buena pinta.
martes 24 julio 2007 - África se va al cine

Lars Von trier
Era el día de San Isidro Labrador, festivo en Madrid, y me regalé una hermosa tarde primaveral yendo al cine y tomando unas cervezas en una terraza de Conde Duque (lugar muy recomendable). Iba con mi amiga Chelo y recalamos en los Alphaville (oh dioses, oh mores, ¿dónde quedó la recoleta y acogedora cafetería de los Alphaville después de su remodelación?). No había ninguna preferencia en nuestro horizonte cinematográfico, pero yo la convencí: “Vamos a ver la última de Lars von Trier, anda...”. “No, no”, fue su respuesta, “otra peli de esas masoquistas de este hombre, no, por favor”. “Pero si es una comedia”, repliqué yo. “¿Una comedia?”. “Sí, fíate de mí, vamos a ver cómo le ha salido...”
Lo cierto es que nos reímos mucho. Se puede afirmar (confirmar) que el director danés no ha engañado y su película se basa en las leyes paródicas de la comedia. Pero, ¿de qué trata El jefe de todo esto, con ese peculiar título?
Un actor de segunda es contratado por un hombre de apariencia afable para representar un papel bastante incómodo: el jefe. A medida que transcurre la película, los espectadores se enteran de que el hombre de apariencia afable es el jefe y dueño de una empresa, y que quiere venderla a espaldas de sus empleados a los que estafó pidiéndoles un dinero prestado con una excusa inventada, y que además son los creadores de un sistema informático innovador. Pero este hombre es amado y querido por sus subordinados precisamente porque no saben que él es el jefe. El hombre afable se ha inventado a otro jefe, invisible y siempre ausente, hasta que no le queda más remedio que hacerlo aparecer, para lo que contrata al pobre actor fracasado.
En esta película se parodia el mundo laboral (sobre todo la terminología técnica y vacía que se utiliza sin querer expresar nada concreto con ella, y que tapa la ignorancia y la mediocridad de muchos); el mundo de los negocios, en el que no entran los sentimientos, la generosidad o el agradecimiento por la labor bien hecha, ni siquiera el respeto por ella. Pero el director danés aprovecha para introducir más elementos:
-La crítica a los daneses a través de la figura del islandés, el hombre de negocios que pretende comprar la empresa. Recordemos que Islandia perteneció históricamente a Dinamarca, lo que utiliza Lars von Trier para reírse de sus compatriotas mediante los discursos mordaces y los accesos de ira del enorme islandés, quien no suelta una palabra de danés en toda la película y que incluso lleva consigo a un traductor. Hay que reconocer aquí algunos de los momentos de comedia más logrados.
-La crítica al oficio del actor, o más bien, a su divismo. Por mucho que consideren su trabajo un arte, pueden ser capaces de dejarse contratar como simples asalariados. Parece querer decir el director que a los actores se les olvida que tienen que comer como el resto de los mortales, por lo que un poco más de humildad no les sobraría. Éste es uno de los puntos más enrevesados de la película, porque parece no aunar bien con el resto de la parodia. No obstante, también hay momentos muy divertidos en los que el actor quiere dar una trascendencia a su papel de jefe que parece desbaratar los planes del hombre aparentemente afable.
-La crítica al miedo a la responsabilidad. Al parecer, las sociedades escandinavas, estas sociedades que se han convertido en un estandarte de la socialdemocracia y del estado de bienestar, fomentan desde lo más abajo de sus sistemas educativos la mediocridad, es decir, el no sobresalir en ningún aspecto, ya sea por defecto o por exceso. Según me han explicado mis amigos que viven en Suecia, algo que no les gusta a los suecos es ser jefe, porque esto significa destacar y también tener responsabilidades. La figura del hombre amable representa perfectamente este hecho, un poco alejado de nuestras sociedades latinas (en las que se rehúye la responsabilidad por la comodidad, pero en las que el jefe que quiere serlo lo es a todos los efectos y con todos los privilegios), llevándolo a ese extremo de inventarse un jefe, “el jefe de todo esto”, como un chivo expiatorio para los empleados. Hay otros aspectos de la vida laboral escandinava que también se reflejan: el abuso del email como medio de comunicación, las continuas reuniones, la lentitud en la toma de decisiones, el fomento de esa mediocridad (nadie es más que nadie) en esas comidas “de buenos sentimientos” que jalonan la película.... Es cierto que estos elementos tan alejados de nuestro estilo y valores de vida oscurecen la película, que, desde luego, se entiende mucho mejor cuando un latino que vive por esos (muy hermosos aunque fríos) lares explica los contrastes.
Lars von Trier no abandona en esta película su deseo de distanciamiento de su obra, y para ello introduce una voz en off (la suya propia) que introduce la historia y la comenta en algunos momentos. El director danés es un autor: en este filme está dejando bien claro que él ha tomado la forma de la comedia y que la está aplicando como una receta. Él hace arte, crea mundos artificiales, y quiere mostrar su conciencia de alejamiento de la realidad. Lo cual hace en la forma, pero no esta vez en el fondo, pues en esta película refleja la realidad cotidiana: por fin el magnífico director nos regala una historia de la vida de todos los días. A su manera, claro.
África Jódar
martes 26 junio 2007 - África se va al cine

LA MALDICIÓN DE LA FLOR DORADA
Cuando me propusieron ir a ver esta película, pensé: "¡Oh, no, otra de chinos voladores!". Y eso que me encantaron Tigre y Dragón, y Hero (no me gustó tanto La casa de las dagas voladoras). Pero no, me equivoqué, no es "otra peli más de lo mismo".
Aunque muchos no leen las críticas de cine antes de ir a ver una película, yo sí cometo el recurrente pecado de leerlas. Lo hago para compararlas con mi impresión, y a mí me resulta un ejercicio saludable. Del mismo modo, las leo también después de ver las películas, y hago la operación a la inversa: comparo lo que yo he creído ver con lo que dicen los expertos. A veces hay agradables coincidencias, y otras desacuerdos mayúsculos.
Creo que esta vez se ha producido la ausencia de consenso.¿Esta película es bueníiiiisima? No, en absoluto. Pero de ahí a lo que decía uno, que ésta era fruto de un orgasmo continuado del director... Sé por qué lo dice. Las mujeres de la película visten con escotadísimos vestidos que aprietan sus pechos como si fueran a reventar. Es un vestuario muy erótico, sí. Puede que no esté justificada tanta exhuberancia femenina, pero me parece exagerado considerar que las fantasías eróticas del director se exhiban a través de esos escotes.
Esta película es la historia de una mujer, una emperatriz que vive en un hermoso palacio repleto de comodidades y de sirvientes pendientes del menor gesto de su ama. Sin embargo, el palacio es una cárcel hermosa, una jaula de oro en la que habita atrapada por su condición de mujer.
De los tres hijos del emperador, ella es la madre de los dos últimos. Al parecer, hubo una primera esposa a la que aquél rinde tributo orando ante su retrato. La emperatriz cree que el emperador ama aún a esta mujer y no a ella. Y el trato que él le dispensa no hace pensar otra cosa.
La trama comienza con la llegada del gran hombre después de tres años de ausencia a causa de una guerra. De la batalla regresan el padre y el segundo hijo. El primero y el tercero, aún niño, han quedado con la madre. La juventud de ésta y su desesperación como mujer la han arrastrado a los brazos de su hijastro. Tiene miedo de que su marido la descubra. Pero aún hay más: este hijastro es ahora el amante de la hija del mayordomo principal. Los celos y el despecho corroen a la emperatriz.
Las desgracias de esta dama no acaban aquí. El emperador la obliga a tomar tres veces al día una medicina que la está envenenando. Ella lo sabe y no tiene más remedio que obedecer a su marido, del que es una vasalla y al que estás sometida por su condición de mujer. Al parecer, la causa está en que ella pertenece a un linaje que el emperador, un hombre que llegó al poder gracias a intrigas y traiciones, quiere eliminar en su persona.
Llegados a este punto, la historia resulta asfixiante para los espectadores. La emperatriz es una mujer que está absolutamente sola a pesar de toda la muchedumbre de sirvientes que la rodea, todo el lujo y el boato (el director no escatima en resaltar este punto hasta el extremo: cualquier movimiento o ceremonia en el palacio es un despliegue de flores, vestidos, velas, soldados, comidas, bebidas...). Es una mujer sola y sin amor. Sólo le queda el de sus hijos, también dominados por el padre. Así que ella intenta vengarse. Y ésta es la parte de la historia más intensa, más hermosa, más desesperada, en la que se desvelan algunos secretos, y que, por desgracia, no puedo contar.
A mí lo que me impresionó de esta película es el relato de la vida de esta mujer. Y la tragedia. Pues toda la comunión de pasiones que se presentan (celos, traición, ambición, deseo de poder, odio, rivalidad entre hermanos, despotismo del padre) no puede conducir más que la destrucción de los personajes y de su felicidad aparente. Pienso que el boato tan exagerado de la película es el contrapunto de la maldición (como reza el título de la película) que planea sobre esta familia. También creo que los personajes femeninos reflejan el obligado sometimiento de las mujeres en la sociedad patriarcal, y que sus escotes pronunciados son un símbolo de aquello para las que se las requirió en las clases altas: el adorno de los hombres de su familia o de sus dueños. No obstante, no pretendo presentar este largometraje como una reivindicación feminista, porque no lo es. Es una tragedia al estilo shakespeariano, que, además, tiene como marco el opresivo círculo de la familia (donde, ya se sabe, se gesta a veces los mayores grados de violencia). Vale la pena verla
África Jodar
jueves 17 mayo 2007 - África se va al cine

Me parece que de año en año se va demostrando que uno de los premios Oscar más interesantes es precisamente el de "La mejor película de habla no inglesa". En fin, esta película, magnífica, ganó ese premio, lo cual le ha dado la repercusión que necesitaba. No os arrepentiréis de ir a verla.
Es cierto que he discutido con mi amigo Pablo, que vive en el mismo barrio que yo (uno de estos barrios dormitorio con edificios iguales y calles muy anchas con cuatro arbolitos) sobre esta película. Puede que le creáramos los demás demasiadas expectativas, o que él, sencillamente, no consiguiera la empatía necesaria para "meterse" en la historia. Pero esta película es buena, y si os han dicho que lo es, podéis creerlo sin recelo.
Hemos visto algunas películas sobre los países del telón de acero. Esta vez se trata de la antigua RDA. En los años ochenta (parece que no, pero ya han pasado veinte años) la Stasi, la policía que controla las actividades de la población, sigue interrogando a gente y encarcelando. Hay un "stasi" especialmente cumplidor y eficaz, nuestro protagonista, que recibe el encargo de vigilar a un autor de teatro, que vive con una famosa actriz del régimen. El "stasi" monta la operación, coloca todos los micrófonos necesarios en la casa (qué habilidad para ocultarlos, por cierto), y se instala durante gran parte del día en el ático del edificio (uno de estos bloques de apartamentos altos y de color oscuro, de arquitectura "racionalista" y cuyo único fin es albergar a los hijos de la revolución). El "stasi" se convierte así en un espectador de la vida de otros. Como el público que llena las salas donde se representan las obras del autor que es objeto de su vigilancia, el "stasi" asiste a las conversaciones, los gritos, los silencios, las discusiones y los actos amorosos del autor y su mujer, la actriz famosa. Pero el "stasi" poco a poco deja de ser un espectador pasivo, y por decirlo de alguna manera, "se cuela en la obra", y se convierte en un dios que desde su escondite interfiere en la vida de esos otros a los que contempla y vigila.
Esto es lo que cautiva de la película: la transformación del vigilante. A través de la vida de ese hombre al que controla día y noche, un supuesto enemigo de la patria comunista, del que termina conociendo las rutinas, mezquindades y glorias, el "stasi" contempla su propia vida, y de repente (quizás esto es lo que molesta a los críticos de la película, pero yo opino que este tipo de cambios se producen así, "de repente"; hay un tiempo para el proceso, pero el darse cuenta es una revelación instantánea) toda ella pierde sentido: su trabajo, sus valores, sus sacrificios por el régimen en el que siempre ha creído. Y no pretendo desvelar cómo ocurre, pero el "stasi" se convierte en un rebelde a la causa que hasta entonces había sido el sentido de su vida.
Vuelvo a insistir: más allá de la crítica a las prácticas policiales de la antigua RDA, más allá de la injusticia que supone la violación de la intimidad de la vida de la gente, esta película trata de un hombre que pierde el sentido de su existencia. ¿No es algo terrible? Imagináos que todo lo que hacemos, por lo que nos levantamos, perdemos sueño, nos sacrificamos, deja de tener un sentido, descubrimos que no vale. ¿Qué podemos hacer, en ese caso? La película demuestra que la vida de los humanos ha de tener un sentido, el que sea. Para ello hay que elegir, y el "stasi" de esta historia elige. Es cierto que su elección resulta grata a los espectadores, por lo que enseguida se gana el perdón por su pasado, pero..... esa elecciòn es, a pesar de todo, valiente, dura, terrible, y lleva consigo un precio.
Sólo he tratado el personaje del "stasi", pero los personajes del
autor teatral y la actriz famosa tienen también mucho interés. En la película hay un aire de tragedia, puesto que los tres personajes, en última instancia, están a merced del destino que les marca las leyes del régimen, que no son otras que las del miedo. Miedo al enemigo de la patria, miedo al régimen que vigila, miedo a perder la fama y el estatus.... Cada uno de los personajes tiene su propio miedo. En fin, ¿y quién no?
África Jodar
domingo 15 abril 2007 - África se va al cine

Hace un tiempo que vi en la prensa el estreno de Pequeña Miss Sunshine. Bueno, me dije, una película que se dice "independiente", ya veremos. Más tarde la vi incluida en las propuestas de los Oscar a mejor película y me dije: "Oh, no, era independiente y dejó de serlo".
Hasta que unos amigos, muy aficionados al cine, me la recomendaron: "Es buenísima, divertidísima, tienes que ir a verla". Y mi amiga Ana de Alcorcón me mandó un emilio: "¿Has visto ya la de Pequeña Miss Sunshine?"
Estaba claro: había que verla. Así que quedé con Ana en los Renoir Cuatro Caminos (sí, sí, en la glorieta esa que había que comprar en el Monopoly). Mi amiga se indignó porque ya vendían palomitas y refrescos, y mi querido novio Juan obvió su comentario a la vez que pedía un buen cubilete de las mismas con su refresco.
En fin, perprechados ya con lo necesario, nos encaminamos resueltamente a nuestros asientos, y efectivamente, hacía ya unos años que no me reía tan a gusto en el cine. No sólo yo: desde la primera imagen hasta los títulos del final, la sala, llenita de público, por cierto, no paró un instante. Pequeña Miss Sunshine es, sin duda, divertidísima, una comedia de un humor negro y ácido, poco complaciente aunque no absolutamente destructor.
La película trata, como muchas, de una familia. A mi parecer, éste es un tema fundamental, pero no porque se haga una exaltación de sus valores o algo similar. Al contrario: lo que se afirma es que una familia es un mundo peculiar, raro, cuyos integrantes suelen ser a menudo insoportables, perros verdes. "Esto es una familia", dice en un momento dado la madre, cuyo hermano homosexual ha estado a punto de suicidarse por desamor y por rivalidades académicas, su marido es un comercial fracasado que intenta vender el método del éxito, su hijo mayor ha dejado de hablar porque odia a toda la familia y ha hecho un voto de silencio para que le permitan ir a una academia militar de aviación, su suegro es un drogadicto, y su hija pequeña, gordita y con gafas enormes, tiene la ilusión de ganar un concurso de belleza infantil. Para mondarse de la risa.
Solamente hay algo que aporta la familia de manera indudable, según la película, y es la solidaridad. La familia entera emprende un viaje en una vieja furgoneta hacia el lugar donde se celebra el concurso. Tenemos pues, una clásica road movie en clave de comedia, en la que los personajes viven disparatadas aventuras que sobre todo ayudan a reforzar sus lazos y también a hacerlos mejores personas, pues todos dejan de lado el egoísmo del que parten al principio de la película para darse cuenta de las necesidades de los otros. Cada uno de ellos tiene que enfrentarse a sus propias miserias y a su mediocridad. Todos aprenden esta lección precisamente con la niña, que es la que les obliga a salir a cada uno de "su mundo".
El otro tema de la película es la necesidad del éxito social. Todos los personajes son unos fracasados en lo profesional y en lo personal (a excepción del abuelo, que vive la vida a su manera). Y son conscientes de ello. Por eso se vuelcan en el concurso de belleza de la niña, pensando que ella les va a redimir de sus propios fracasos personales. El concurso, sin embargo, les demuestra que es un lugar donde otros como ellos buscan lo mismo a costa de sus hijas. En este momento, toda la familia despierta del sueño de su mediocridad y se da cuenta de que el éxito no estriba en lo que otros piensen, sino en lo que piensen ellos de sí mismos: el éxito es la propia felicidad.
¿Es ésta una película moralista? No, en absoluto, que nadie lo crea así. Es una crítica social a partir de una situación más cotidiana de lo que parece, que es la de los certámenes de belleza para niños a los que se convierte en adultos en miniatura, y son explotados por padres que consideran que sus hijos harán lo que ellos no fueron capaces. Al contrario, en esta película todo el mundo pierde, toda la familia pierde, pero en la pérdida se dan cuenta de que lo que tienen que ganar es otra cosa: el matrimonio, la relación filial, la amistad, la vida de los sentimientos y no la de las apariencias... Y que no piense nadie que uno acaba lloriqueando al final de la película, no, todo esto uno lo va descubriendo sin parar de reír viendo a estos personajes absurdos, miserables, a la vez que tiernos, comportarse de un modo delirante. ¡No os la perdáis!
África Jodar

























